lunes, 5 de marzo de 2012

"Amor de Hombre, Dios Enamorado"

Aprendiendo a ser Pastor
            Antes de comenzar a compartir mi experiencia en el apostolado, deseo compartir lo que me ayuda a no perder aquello que me mueve a luchar por continuar formándome y que da impulso a mi vida, lo que se ha convertido en una verdadera esperanza, primeramente de descubrir esta llamada de amor por parte de Dios a entregarle mi vida, y en segundo lugar responder con generosidad a la oportunidad que Dios me está dando de consagrarle todo mi ser.
            Es en el amor que Dios nos comparte a cada uno de nosotros como podemos abandonarnos sin temor en lo que va poniendo en nuestro camino, es la esperanza que da a cada una de nuestras vidas lo que ha de movernos, para así ser también cada uno de nosotros esperanza para los demás, es en la paz que brinda a nuestro interior como podemos ir fomentando la paz a nuestro alrededor.
            Cada uno de estos elemento han ido haciendo eco en el apostolado que realizo en la parroquia Del Señor del Rescate, donde comparto mi experiencia de Dios con los jóvenes de las capillas y de la parroquia, ha sido verdaderamente una experiencia llena de la presencia de Dios, ya que en cada uno de ellos he ido descubriendo la presencia de Dios que me sigue impulsando a luchar por adquirir una experiencia de Dios cada vez más auténtica.
            Las actividades que he ido realizando son: tema de formación para coordinadores por la mañana, acompañamiento en la formación de liturgia de una capilla y por la tarde me organizo para ir visitando a los diferentes grupos juveniles. Esta experiencia me ha ayudado a acrecentar el deseo no sólo de formarme mejor, sino también de compartir cada una de las experiencias que Dios me va dando a través de este camino en el cual me descubro amado por Dios.
            El reto es grande, la meta es aún mayor, pero el ideal es la lucha que engloba toda la vida (la búsqueda de la santidad), es en este proceso en el cual quiero impregnar en cada uno de los jóvenes, primeramente que se sientan amados por Dios, para que disponiendo su interior puedan aceptar a Cristo en su vida y así adquiriendo esperanza puedan ser esperanza para los demás.

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