domingo, 11 de marzo de 2012


II.- La experiencia de Dios
            Lo que le da a una mística  fuerza y su densidad es lo que ésta tiene de existencial, de experiencia vivida. La fuente de toda mística es una experiencia.
            La experiencia de Dios constituye el fundamento último del ministerio pastoral y de la espiritualidad que lo  sustenta. Experimentar a Dios es saber vivencialmente que estamos inmersos en la vida del Padre, por medio de Cristo, en el Espíritu Santo.es propia experiencia que en Dios existimos, nos  movemos y somos.
            La experiencia de Dios es la intimidad profunda, amorosa y oscura, a través de la fe, con el Dios vivo, que se nos revelo en Jesús, y que continúa realizando su reino entre nosotros y en la historia. Dicha experiencia tiene dos lugares fundamentales: la persona misma de Jesús, contemplado en la oración, y el prójimo, cuyo servicio por amor es igualmente una experiencia de Cristo.
            El ministerio pastoral brota de una experiencia de Dios Trinidad y es experiencia de Dios: se experimenta al Padre que es quien nos llama a colaborar en la obra de Salvación; se nos experimenta al Hijo, cuya presencia y praxis actualizamos y se experimenta al Espíritu Santo, bajo cuyo impulso actuamos.   
            En cuanto experiencia de Dios el ministerio pastoral debe estar cimentado en la fe, orientada por la esperanza y consumado en el amor.

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