II.- La experiencia de Dios
Lo
que le da a una mística fuerza y su densidad es lo que ésta tiene de
existencial, de experiencia vivida. La fuente de toda mística es una
experiencia.
La
experiencia de Dios constituye el fundamento último del ministerio pastoral y
de la espiritualidad que lo sustenta.
Experimentar a Dios es saber vivencialmente que estamos inmersos en la vida del
Padre, por medio de Cristo, en el Espíritu Santo.es propia experiencia que en
Dios existimos, nos movemos y somos.
La
experiencia de Dios es la intimidad profunda, amorosa y oscura, a través de la
fe, con el Dios vivo, que se nos revelo en Jesús, y que continúa realizando su
reino entre nosotros y en la historia. Dicha experiencia tiene dos lugares
fundamentales: la persona misma de Jesús, contemplado en la oración, y el
prójimo, cuyo servicio por amor es igualmente una experiencia de Cristo.
El
ministerio pastoral brota de una experiencia de Dios Trinidad y es experiencia
de Dios: se experimenta al Padre que es quien nos llama a colaborar en la obra
de Salvación; se nos experimenta al Hijo, cuya presencia y praxis actualizamos
y se experimenta al Espíritu Santo, bajo cuyo impulso actuamos.
En
cuanto experiencia de Dios el ministerio pastoral debe estar cimentado en la
fe, orientada por la esperanza y consumado en el amor.
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