miércoles, 21 de marzo de 2012


VIII.- Discernimiento Pastoral.
            Primeramente se pone la definición de discernir que en su sentido más amplio, es distinguir entre lo bueno y lo malo, para elegir lo bueno, así mismo se presenta una forma específica, esta es la de discernimiento del espíritu que consiste en distinguir el buen espíritu del malo; en cualquiera de sus formas puede referirse a diversos ámbitos: nuestra conducta, actitudes u opiniones concretas, por ello los pastores y todo agente en la Iglesia debe discernir en cada momento la acción del espíritu, si se quiere desarrollar un autentico ministerio, con todo esto se llega a decir que el discernimiento pastoral es la acción de distinguir, a  la luz del Espíritu Santo, un ministerio eclesial verdaderamente evangelizador de una praxis que no evangeliza.
            Las dificultas u obstáculos que enfrenta el discernimiento son: la superficialidad, la pereza para la reflexión, el conformismo ante los tópicos vigentes, es decir, prejuicios, la autosuficiencia con una certeza absoluta, la rutina y el acomodamiento, una falsa concepción de la libertad y una vida de pecado.
            Además se habla de los presupuestos para el discernimiento pastoral, es decir, actividades espirituales previas por parte del agente como son: la fe viva de la presencia de Jesucristo en su Iglesia a pesar de los defectos de sus miembros, la búsqueda de la verdad y de Dios de forma sincera y con el deseo de vivir en ella, disponibilidad total a los proyectos de Dios, sencillez evangélica para que la Palabra de  Dios llegue a los más necesitados, la conciencia de la propia misión dentro de la misión de la Iglesia, para alcanzar la unidad, deseo del bien, alegría y esperanza, amor de Dios al prójimo expresado en la comunidad, libertad interior para romper lo que no evangeliza y actitud de conversión que implica humildad y apertura.
            Por último se presenta los medios del discernimiento que son: vigilancia y oración constantes para escuchar y descubrir la voluntad de Dios, la lectura y escucha de la Palabra de Dios escrita, la escucha de la palabra de Dios acontecida en los signos de los tiempos, escuchar la voz de la Iglesia, a través del Magisterio y la inserción en la comunidad Cristiana a la que se pertenece pues es el lugar privilegiado de la presencia de Cristo y con el cual nos unimos unos a otros con el testimonio, el dialogo, la amistad y el consejo. 

           

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