jueves, 15 de marzo de 2012


V.- Dimensión social del ministerio de  Jesús.
El ministerio de Jesús tuvo unas dimensiones fundamentales en las que proyecta su ser Profeta, Sacerdote y Rey, de un modo totalmente original, constituye el núcleo esencial del que hacer de la Iglesia hoy, así como de la espiritualidad que ha de darle dinamismo.

1.- Jesús, Profeta del reino.
Él fue, ante todo, un Profeta del reino, esa fue su misión esencial: anunciar el reino de Dios, es decir su reinado definitivo en el mundo. El grito con el que abre Jesús su misterio es precisamente es “Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios; arrepentíos y creed en el Evangelio”. Fue la el contenido básico de la predicación de Jesús, y hacerlo visible, a través de signos, fue la intención principal de sus milagros.

2.- Rey-Pastor-Servidor.
Él es un rey-pastor-servidor, vino al mundo para hacer testigo y servidor de la verdad, para Él, reinar fue sinónimo de servir: “Yo estoy en medio de ustedes como el que sirve” (Lc. 22,27). Anunciando el reino y combatiendo el antirreino, Jesús se muestra como el humilde servidor de Dios y de la humanidad.

3.- Jesús es Sacerdote.
Cristo es el Sumo Sacerdote de los bienes definitivos, pero su sacerdocio no es ritual sino existencial. Esto significa: 1.- Que la condición que Cristo tuvo que cumplir para llegar hacer sacerdote no fue la segregación de lo profano, sino acercase a los demás, hacerse semejante a los que sufren, igualarse a todos; 2.- Que el acceso de Cristo al sacerdocio no se realiza mediante unos determinados ritos o ceremonias sagradas, sino en virtud de su propio sufrimiento y a través de su existencia totalmente entregada (Mc. 10, 45); 3.- Que la realización de su sacerdocio no consiste en practicar una serie de ritos sagrados, sino una existencia total mente entregada a los demás. Jesús hizo de toda su vida una ofrenda agradable a Dios, eso fue el culto que le ofreció.

4.- Los grandes ejes de la Espiritualidad pastoral de Jesús.

El amor filial al Padre, la docilidad incondicional al Espíritu, la pasión por el Reino, la comunión con sus discípulos y la ternura hacia los más pobres, son las fuerzas que originan, orientan y sostiene toda la praxis pastoral de Jesús.

5.- Amor filial al Padre.
El origen y fundamento del ministerio pastoral de Jesús lo encontramos en su fuerte experiencia de Dios Padre y del Espíritu Santo-Amor. La experiencia de Jesús con respecto al Padre es de afectividad y de intimidad; por lo que lo llama Abba, Padre de infinita bondad y ternura. Jesús se sabe y siente el hijo amado  y elegido del Padre, más aún, se sabe una misma cosa de Él: “Yo estoy en el Padre, y el Padre está en mi” (Jn. 14,11). Jesús no solo se sabe amado, también Él ama profundamente a su Padre. Amor que se expresa en su confianza absoluta y, sobre todo, en el fiel cumplimiento de su voluntad.
Su mensaje central sea la revelación del corazón paterno de Dios y de las exigencias de que debemos vivir como hermanos; “Estos os mando: que os améis los unos a los otros” (Jn. 15,17). Jesús fue un contemplativo: en el ejercicio de suministro vivía en la presencia del Padre, y se apartaba con frecuencia exclusivamente para estar a solas con Él. Jesús supo conciliar ministerio y momentos de oración en los que cultivaba la comunión con su Padre.

6.- La docilidad incondicional al Espíritu.
El Espíritu es precursor, acompañante y continuador de su quehacer pastoral: “El  Espíritu del Señor sobre mí, por cuanto me ungió; para evangelizar a los pobres me ha enviado” (Lc. 4,18). Antes de que Jesús llegue, el Espíritu ya está presente; cuando Jesús actúa, el Espíritu lo secunda y cuando se va, el Espíritu prolonga su obra (Jn. 16,5-15).

7.- La pasión por el Reino.
La centralidad del Reino de Dios es una característica fundamental del ministerio pastoral de Jesús. La implantación del reino constituye su proyecto pastoral, que consiste en revelar la presencia transformadora de Dios en el mundo, en la historia y en el corazón de cada persona. El reino que anuncia es al mismo tiempo don gratuito de Dios y llamada exigencia de conformidad ética con su designio de vida. Es un reino espiritual, pero también es histórico, social y estructural. Se realiza en el tiempo de aquí, pero tiene un germen de cumplimiento “en los cielos nuevos y en la tierra nueva”, es también un don, pero es también una conquista.
Pero no solo el ministerio de Jesús es “reinocéntrico”; también lo es su espiritualidad, marcada por su “pasión por el reino”, que lo lleva hacer creativo y totalmente entregado al anuncio y práctica de los valores esenciales de la realidad que anuncia: amor, verdad, vida, justicia, paz y libertad.

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