lunes, 26 de marzo de 2012


X.- Mística de la Coordinación Pastoral.

Una adecuada coordinación pastoral tiene diversas exigencias y encierra peligros y tentaciones que requiere un talante muy peculiar del sujeto que la desempeña y criterios que le den una clara orientación evangélica.
Por lo tanto es necesaria una mística propia que le de vida y dinamismo dicha mística en la motivación proveniente de la fe, que nos mueve por dentro misteriosamente dinamizando nuestra acción.
Tres exigencias o condiciones fundamentales.

·         *Eclesialidad: no se puede ejercer el ministerio de la coordinación por iniciativa propia, es preciso recibir ese encargo a través de la mediación eclesial.
·         *Credibilidad: Para ejercer la coordinación es necesaria la confianza de la comunidad y la fuerza moral del testimonio.
·         *Unión y conformidad con Jesucristo: Sin esta unión y conformidad con el Maestro y Señor corremos el riesgo de usurpar su lugar, por eso la necesidad de orar y discernir.
El Espíritu Santo es como el principal agente en este ministerio, sin su asistencia no es posible ejercer una adecuada coordinación pastoral.
Si no se lleva a cabo la coordinación pastoral con la oración se puede caer en tentaciones y riesgos como algunos de los que menciono a continuación:

·         -Autoritarismo: se cae en imponer ideas y proyectos o exigir más de lo que los otros pueden dar, eso en lugar de ayudar entorpece el proyecto.
·         -Utilitarismo: aprovecharse del cargo para su propio provecho, buscar y aferrarse indebidamente a puestos.
·         -Quejumbrosidad: es molestarse por todo, falta de oración, guiarse por el Espíritu Santo.
·         -Auto suficiencia: confiar demasiado en sí mismo, incapacidad de un ministerio sano.
·         -Aislamiento: el ejercicio de la coordinación requiere disentir de lo que las otras personas piensan o quisieran lo cual, lo lleva a una soledad.
Principales rasgos del coordinador de Pastoral.
·         Espíritu de servicio: La tarea de coordinar nos pone en los últimos puestos, nos hace servidores de todos, quien coordina debe saber darse, no es dar órdenes sino acompañar.
·         Caridad fuerte y lúcida: el amor debe guiar todo ejercicio de la coordinación, el verdadero coordinador tiene gran respeto a cada miembro de la comunidad.
·         Espíritu de diálogo: saber escuchar con paciencia, explicar con claridad y comprensión
·         Humildad y fortaleza: esas dos cosas son pieza clave para una buena coordinación, un buen coordinador, está dispuesto a dejarse educar por la comunidad, que lo lleve a ser firme y no tirano, comprensible y no débil.
Cinco reglas para ejercer la coordinación.
1.- No hacer nunca lo que me gusta, sino lo que agrada a Dios y edifica a la comunidad.
2.- La disciplina de la serenidad y de la alegría, sin esto hay riesgo de dramatizar y precipitar las decisiones.
3.- La disciplina en la pequeñez en los proyectos.
4.- Evitar todo protagonismo para que sea el pueblo de Dios el verdadero protagonista del Espíritu.
5.- La disciplina de la reflexión y la contemplación, para poder aceptar propuestas de otros, y coordinar en otros hay que recurrir con frecuencia al silencio y a la oración.

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